S E R M O N E S

TOCANDO  EL  MANTO  DE  JESUS    (Mr. 5:21-43)

Mar 5:21  Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.

Mar 5:22  Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies,

Mar 5:23  y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.

Mar 5:24  Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.

Mar 5:25  Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,

Mar 5:26  y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,

Mar 5:27  cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.

Mar 5:28  Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.

Mar 5:29  Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

Mar 5:30  Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

Mar 5:31  Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?

Mar 5:32  Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.

Mar 5:33  Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

Mar 5:34  Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

Mar 5:35  Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?

Mar 5:36  Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.

Mar 5:37  Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

Mar 5:38  Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho.

Mar 5:39  Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme.

Mar 5:40  Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.

Mar 5:41  Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.

Mar 5:42  Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.

Mar 5:43  Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.

 

El evangelio de Marcos es un desarrollo de las actividades de Jesús, donde siempre se notará una actitud activa permanente del Señor, en cada uno de sus capítulos, observándose siempre la acción y reacción de los hechos ocurridos.

PASANDO A LA OTRA ORILLA,  habla de las características de la misión de Jesús, es decir: Ir más allá de los límites, es tratar de alcanzar a muchas personas, es dejar de lado a los que quizás no le seguían por el mensaje que el traía, sino por las bendiciones, por las señales que realizaba; es traspasar los limites del sistema tradicional de creencias.

Nos confronta estas palabras con la actitud que la iglesia de hoy practica, nos enseña que debemos romper con la religiosidad, con la costumbre de permanecer encerrados dentro de las cuatro paredes de la congregación, creyen-do que eso se llama “perseverar” en los caminos del Señor, cuando por el contrario estamos limitando el compartir las buenas nuevas  en todo lugar, ya sea en el trabajo, estudios, amistades, familiares, sin mirar la condición social, raza ni cultura, sino con entera libertad predicar del amor de Dios para la humanidad.

UNA GRAN MULTITUD, siempre sigue a Jesús. Una multitud, llena de necesidades, con enfermedades, con preocupaciones y problemas, y ahora encuentran la valiosa oportunidad de estar cerca de Jesús.

Cuando se le acerca uno de los principales de la Sinagoga (Jairo), este era un hombre importante para su pueblo, era el encargado de educar sobre el culto a Dios y el gobierno de la vida civil de la comunidad; se inclinó dice públicamente y hasta el suelo para hablar con Jesús, sin importarle el deshonor público por ser una autoridad impor-

tante para el lugar.

Esta actitud simboliza también  lo que dice la Palabra “que toda rodilla se doblará”, no hay reyes, presidentes ni ninguna autoridad por encima de Jesús por que todo ha sido sujetado bajo sus pies.

Jesús escucha el ruego de este hombre, que le pide vaya con él; su esperanza estaba en que Jesús ponga sus manos

sobre su hija para que se salve y siga viviendo.

Jesús no le discute, ni le pregunta cuán grave o en qué consiste la enfermedad para ir pensando en el remedio, solo sabe que agoniza.  Jesús simplemente dice la Escritura  FUE CON EL.

Jesús tenía una misión con la hija de Jairo y también para los que iban con El.

El tiene un milagro para la hija de Jairo, pero también tiene  UN MILAGRO PARA TI……

Este es tu día de buscar a Jesús, éste es tu día de salvación, no te vayas con el corazón vacío, inclínate públicamente delante de Jesús y no te avergüences de pedir tu milagro. La Palabra dice “el que viene a Mi yo no echo fuera”, El te está esperando……

Esa gran multitud que le seguía  y le apretaba a Jesús, no clamaba, no pedía, como si al parecer no necesitaran nada de Jesús…. ¿es que acaso existe alguien que no necesite de Jesús…………?

Sin embargo, le seguían, se empujaban, le apretaban, pero más les preocupaba, que haría Jesús con otros, que con ellos.

Pensaban para sí mismos, que le iba a hacer o que le iba a decir a aquel, en lugar de decir “que tiene Jesús para mí, esta gente seguía a Jesús por curiosidad, yo sigo a Jesús para que El transforme mi vida; yo no voy atrás de El, yo voy junto a El y El va junto a mí.

El texto nos habla de una mujer que al parecer había sido una persona de grandes recursos económicos, los cuales los había gastado en tratar de curarse, sin haberlo logrado, sino todo lo contrario, seguía peor.

La enfermedad de esta mujer, era el flujo de sangre (hemorragia). En un principio fue un periodo menstrual, convirtiéndose luego en permanente, durante doce largos años.

En esta situación, cuando una mujer padecía aquello, era considerada impura, no podía tener relaciones sexuales con su pareja, tampoco podía mantener amistad con nadie, y el lugar donde se sentaba era considerado inmundo, n o podía tocar a nadie, ni tampoco ser tocada por nadie, convirtiéndose en una persona aislada según la ley, y si no cumplía, era sancionada.

Esta mujer había estado muerta en vida por espacio de doce años. Doce años sin familia, sin relaciones afectivas, sin hablar con nadie, viviendo totalmente sola, porque no era aceptada por la sociedad.

Posiblemente por esta razón, la mujer se acerca por atrás de Jesús; tiene miedo, va a escondidas; pero ése miedo no le impide avanzar.

“Cuando oyó hablar de Jesús”  ella no perdió la oportunidad de ir dónde El, no buscó ni halló pretexto alguno para no acercarse a Él. Y nosotros cuáles son los pretextos para no buscar a Dios, para no asistir a los cultos, para no leer la Biblia, para no orar, para no servirle, para no diezmar. Esta mujer nos enseña que no existe ningún pretexto para acercarse a Cristo.

Ella bien pudo decir estoy enferma, estoy cansada, no tengo dinero, no me siento bien; pero todo eso lo hizo a un lado para buscar a Cristo, ella lo necesitaba, por que creía que cuando tocara a Jesús, jamás se volvería a sentir en-ferma, ni cansada.

Esta mujer en su soledad, prefiere conversar consigo misma que con alguien de la multitud; tal vez alguien podría reconocerla o sancionarla, sin embargo ella aprovecha la situación para seguir avanzando y se decía para sí “si toco aunque sea su manto, seré sanada”.

Para qué interrumpir al Maestro,si ella cree que con solo tocar el manto se sanaría y así fue. Ahora ella se siente sana.El flujo de sangre habia dejado de correr en su interior, estaba felíz y lista para poder regresar a su casa para hacer su vida normal con su familia.

Para Jesús no fue suficiente; es curiosa la pregunta que Jesús le hace a sus discípulos sobre quien lo ha tocado, estando en medio de una multitud que caminaba empujando y a pesar de ello El sabía lo que había ocurrido.

La mujer que habia estado oculta en la multitud, al oír que Jesús estaba preguntando ¿quién ha tocado mis vestidos? se le acerca temiendo y temblando por lo que había pasado.

Ella pensaba que su felicidad había durado poco, tenía miedo a las represalias, a que la sancionaran, a que la rechazaran; ¿Qué otra cosa podía pasarle?; sin embargo se acerca y se postra delante de Jesús y le dice toda la verdad.

Jesús le escucha hasta que termina y le dice HIJA.

Jesús empieza reconociéndola como HIJA. Para Jesús esta mujer deja de ser aquella persona inmunda y sin derechos dentro de la sociedad y de la vida.

Son palabras de aliento de vida, gracias a su valentía que tuvo para acercarse a Jesús, una osadía motivada por su fé, una fé que Jesúys reconoce y ler dice “tu fé te ha SALVADO”.

Cuando te acercas a Jesús, obtienes resultados positivos, favorables.

Cuando tocas a Jesús, tu vida es transformada.

Cuando le dices toda la verdad a Jesús Él te escucha como escuchó a esta mujer y le dijo HIJA; a ti también te hará su HIJO(A), transformará tu vida y serás doblemente bendecido como aquella mujer.

Dice la Biblia que al tocar a Jesús ella fue sanada y que Jesús le añade gracias a su FE, la SALVACION.

Solamente Cristo puede sanarnos, perdonarnos y salvarnos.

 

 

VIVIENDO EN LA SANTIDAD DE DIOS

Lectura: 1 Crónicas 13:1-10

13:1 Entonces David tomó consejo con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes.
13:2 Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que están con ellos en sus ciudades y ejidos, para que se reúnan con nosotros;
13:3 y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella.
13:4 Y dijo toda la asamblea que se hiciese así, porque la cosa parecía bien a todo el pueblo.
13:5 Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim.
13:6 Y subió David con todo Israel a Baala de Quiriat-jearim, que está en Judá, para pasar de allí el arca de Jehová Dios, que mora entre los querubines, sobre la cual su nombre es invocado.
13:7 Y llevaron el arca de Dios de la casa de Abinadab en un carro nuevo; y Uza y Ahío guiaban el carro.
13:8 Y David y todo Israel se regocijaban delante de Dios con todas sus fuerzas, con cánticos, arpas, salterios, tamboriles, címbalos y trompetas.
13:9 Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban.
13:10 Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios.

Para ponernos al día de lo que sucede, debemos retroceder al principio de la monarquía en Israel. ¿Recuerdan cuál fue el primer rey de Israel? Se llamaba Saúl. Era un hombre muy alto, pero no fue un buen rey. Abandonó los caminos del Señor.

Una de sus ideas fue llevar el arca del Señor al campo de batalla como una especie de amuleto para asegurar la victoria contra sus enemigos, los filisteos. El arca del Señor, o arca del pacto, era una caja de madera forrada con oro que contenía las tablas de la ley, el maná, y la vara de Aarón que había brotado. Este objeto era lo más sagrado dentro del sistema de adoración del Antiguo Testamento, porque representaba la presencia de Dios. Dentro del tabernáculo, y luego el templo, Dios moraba sobre el arca.

Las naciones vecinas solían llevar sus ídolos al campo de batalla para traerles victoria. Así que, para el rey Saúl, fue una idea natural llevar también el arca del pacto con el mismo propósito. Pero Dios no puede ser usado de esa manera. Dios no es manejable. El permitió que perdieran la batalla, y que los filisteos capturaran el arca. Sucedieron varias cosas increibles mientras el arca estaba en manos de los filisteos, pero vamos a adelantarnos al momento, quizás unos sesenta años más tarde, en que se decidió regresar el arca a Jerusalén, la ciudad donde debía permanecer. Ya no reina Saúl; ha sido rechazado en favor de David, el escogido de Dios.

Según las reglas que Dios les había dado por Moisés, cientos de años antes, nadie debía tocar el arca. Tampoco debía de ser llevada sobre una carreta; los levitas eran los portadores autorizados, y aun ellos debían usar palos para no tocar el arca. Lo que se hacía, entonces, estaba en total desacuerdo con las instrucciones que Dios mismo había dado a su pueblo. Fíjense que se estaba haciendo con mucha voluntad; el rey David deseaba honrar a Dios, se estaba festejando el retorno del arca, y había mucho entusiasmo y mucha sinceridad.

Pero la sinceridad no fue suficiente. Llegó un momento en que los bueyes tropezaron, y la carreta tambaleó. Uza, quien iba guiando los bueyes, puso la mano sobre el arca para sostenerla - y murió al instante.

¿Te parece extrema la reacción de Dios a lo que hizo Uza? El sólo pretendía ayudar. Sólo quería prevenir que se cayera el arca. Actuó con toda voluntad. Pero el arca, el lugar de morada de Dios, era santo. Y Uza no lo era.

Sólo podemos entender lo que sucedió si nos damos cuenta de la santidad de Dios. Dentro del sistema del Antiguo Testamento, había toda una serie de reglamentos para mantener la santidad. Estos reglamentos no eran caprichosos. Dios no los dio a su pueblo por error, ni fueron simplemente inventos de los hombres. La historia que hemos leído es un ejemplo de esta distinción, que tenía que mantenerse firme en la mente del israelita: Dios es santo, y por lo tanto, había que acercarse a él de la manera debida.

No cualquiera podía estar en la presencia de Dios. No cualquiera podía ofrecer los sacrificios, y no cualquiera podía tocar el arca del pacto. Había que mantener la santidad, la separación, la división entre un Dios santo, puro y perfecto, y un pueblo que no lo era. De aquí podemos sacar una conclusión muy importante:

I. Nuestro Dios santo exige que su pueblo se acerque a él de la manera que él dispone

Uza no observo las normas que Dios había dictado para preservar su santidad. Tuvo la osadía de pensar que él, en su estado de humano pecador, podía tocar el arca que simbolizaba la presencia de Dios. Dios demostró a todos los presentes que con El no se juega.

Surge entonces la pregunta: ¿cómo puedo yo, un hombre como Uza, pecador, relacionarme con un Dios santo? Quizás la respuesta que dan algunos es de alejarse. Tratan a Dios como si fuera algún animal salvaje, mejor visto de una larga distancia. Pero hay una respuesta mejor. Dios ha creado una manera en que nos podemos acercar a él. En el Antiguo Testamento, era a través de un complicado sistema de sacrificios y ritos. Pero para nosotros, hay otra manera en que, como seres humanos, podemos acercarnos al Dios santo y perfecto.

La respuesta se haya en Hechos 26:17-18:

26:17 librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,
26:18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

En este versículo, parte de la defensa del apóstol Pablo ante el rey Agripa, está el secreto. Está en la última palabra: santificados. En otras palabras, mediante la fe en Jesucristo, nosotros llegamos a ser santos. Somos hechos santos, para poder estar en comunión con un Dios santo. Esta santidad se refiere a nuestra posición. Es una santidad que Dios nos da, no es algo que nosotros podamos ganar. Sólo la podemos recibir.

En algunos locales pùblicos, se exige vestimenta apropiada. Los hombres deben ir con corbata y saco. A veces, estos locales tienen a la mano algunas prendas extras, en caso de que algún cliente llegue mal vestido. De esta manera, la gerencia del local,  provee lo necesario para que el cliente cumpla con sus reglas.

Lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo es algo similar. Para llegar al cielo, y para vivir en la tierra en comunión con Dios, la santidad es necesaria. Desgraciadamente, ningún ser humano cumple con todos los requisitos. Por eso, Dios nos ha provisto la manera de entrar. Por fe, podemos vestirnos con la santidad de Cristo. Esta es la manera que Dios ha dispuesto para que nos acerquemos a él. Si buscamos alguna otra manera, nuestro destino será el mismo que sufrió Uza. Dios no acoge al que desprecia sus normas. Por medio de la fe en Cristo, podemos acercarnos a nuestro Dios santo.

No importa qué tan sincero seas,ni cuanta voluntad propia dispongas, ni que cosas haces;  si no tienes a Cristo, entonces no estás listo para acercarte a un Dios santo. Sólo puedes estar preparado si te vistes con la santidad de Jesucristo, que viene a través de la fe. Esta es la santidad posicional.

II. Nuestro Dios santo exige que su Iglesia dè testimonio de su santidad

Leamos 1 Tesalonicenses 4:1-3 para ver esto:

4:1 Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más.
4:2 Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús;
4:3 pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación;

Es claro que el apóstol aquí escribe a creyentes, pues los llama hermanos. Estas personas, entonces, ya han sido santificadas posicionalmente. Ante los ojos de Dios, ya son santos por su fe en Cristo. Ya tienen el derecho del acceso a la presencia del Dios santo. Pero parece que hay otra santificación que les hace falta. Esta es la segunda clase de santificación, la santificación personal. Si hemos sido separados para Dios por medio de Jesucristo, entonces nuestras vidas deben reflejar esa realidad.

La voluntad de Dios para nosotros no es que nos revistamos por fe de Cristo, viviendo una vida indistinguible de la del mundo. Su voluntad para nosotros es que seamos distintos. La santidad que llega a ser nuestra posición por fe en Cristo también deberá definir nuestra conducta en el mundo. El ejemplo particular que se menciona en el versículo 3 es la conducta sexual. En un mundo en que la pornografía, la prostitución, y el sexo antes y fuera del matrimonio son casi normales, el cristiano ha de ser un modelo de pureza y de santidad, marcando una diferencia abismal al respecto.

Pero la santidad de vida que Dios desea se extiende mucho más allá del ámbito sexual. Toda la vida del creyente deberá mostrar la santidad que Dios desea. Las mentiras, los chismes, el enojo - todas son cosas que no tienen cabida en la vida de un creyente santificado.

Es un tremendo privilegio ser parte del pueblo de Dios. Y esa santidad se tiene que reflejar en la vida diaria. La cosa más triste sucede cuando el mundo observa la vida de los que se consideran cristianos, y se dà cuenta que no hay ninguna diferencia entre los cristianos y ellos y deciden no participar de la supuesta fe que ellos profesan. El famoso líder de India, Mahatma Gandhi, dijo en alguna ocasión, "Me atrae mucho tu Cristo. Lo que no soporto son tus cristianos." Cuando vivimos como el mundo que nos rodea, deshonramos el nombre del santo Dios que nos compró con la sangre sagrada de su único Hijo.

¿Qué quiere decir la palabra santo? La tapa de las Santas Escrituras dice Santa Biblia. Israel se llama la tierra santa, y Jerusalén es la ciudad santa. ¿Por qué? La razón es que todas pertenecen a Dios. Todas son propiedad de Dios; ésta es la razón que son santas.

Si tú eres creyente, eres santo porque perteneces a Dios. Has sido revestido con la santidad de Cristo. Eso no depende de ti; no depende de tus esfuerzos, de tus intentos, de lo que tú hagas. Depende solamente de Cristo, de lo que él hizo por ti, y del hecho que lo hayas aceptado con fe.

Pero déjame hacerte la pregunta: ¿estás viviendo como santo? ¿Cuando la gente observa tu vida, dicen, Ese es un seguidor de Jesucristo? ¿O te pareces a todos los demás?

Si queremos escribir un libro, es necesario tener papel y lápiz. Para poner una vereda, se requiere de cemento y agua. Hace falta la materia prima para realizar el proyecto.

 Si queremos ser hijos de un Dios que es santo, entonces nosotros también tenemos que ser santos. Dios mismo lo dijo: Sean santos, porque yo soy santo (1 Pedro 1:16).

Existe, sin embargo, un problema. Nosotros no tenemos la materia prima para alcanzar la santidad. En otras palabras, no tenemos el potencial natural. Un huevo de gallina, si se incuba, tiene el potencial de ser un pollo. No tiene el potencial de ser un avestruz. Su material genético no lo permite.

De igual modo, como seres humanos, nuestro potencial está limitado, por decirlo así, por los genes espirituales que hemos heredado. Son genes de pecador. En nuestro estado natural, somos incapaces de alcanzar la santidad que es necesaria para estar en relación con Dios y tener vida.

Lo que esto significa es que no importa cuán buenas sean nuestras intenciones, cuán grandes nuestros esfuerzos, o cuán profundo nuestro deseo, no podremos alcanzar la santidad en nuestro estado natural.

¿Cómo, entonces, podemos experimentar una transformación genética espiritual? No se podrá lograr en ningún laboratorio. No importa cuáles avances se logren en la biotecnología, cuántas clonaciones o manipulaciones genéticas se hagan, el espíritu humano está fuera del alcance de los científicos. La ciencia nunca logrará la santidad.

Hay uno que sí puede hacer esa transformación en nosotros. Quizás, al aprender acerca de la importancia de la santidad, te has estado tratando de santificar. Y quizás, en el proceso, te has encontrado frustrado por tu inhabilidad de perfeccionarte, sin embargo hay una salida, una provisiòn de parte de Dios, en su palabra nos enseña que la santidad también es algo que Dios nos da.

Lectura: Romanos 8:1-11

8:1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
8:2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
8:3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
8:4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
8:5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
8:6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
8:7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8:8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.
8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Podríamos decir que la construcción de una casa tiene dos elementos. En primer lugar, se pone el fundamento, la base para la casa. En segundo lugar, se alzan las paredes, se pone el techo, y se hacen los demás arreglos.

Sería ridículo construir un gallinero sobre el fundamento o base de un edificio. Dios ya ha puesto tal fundamento  para nuestra vida, y él ahora quiere construir tu vida y la mía sobre ella. El no quiere construir un gallinero; él quiere que sea unedificio, impresionante y útil, para su gloria.

Para entender cómo es que funciona esto, entonces, vamos a hablar primero de ese fundamento, de esa base que Dios ha puesto, para ver entonces cómo es que se hace la construcción sobre ese fundamento

Sin fundamento, sin base, cualquier edificio que se construya pronto se caerá. De igual modo, nuestras vidas se desintegrarán si no están bien fundadas. Ese fundamento está en lo que Cristo hizo. Al tomar un cuerpo como el nuestro, y vivir sin pecado en ese cuerpo, Jesús pudo vencer el poder del pecado en su muerte. Ahora, todo el que está unido a él por fe participa de esa victoria.

Cuando Jesús murió por nosotros, él tomó sobre sí toda nuestra maldad. Es como si fuera un imán, que se atrajera a sí mismo toda la contaminación, toda la impureza, todo lo malo de nosotros. De este modo, quedamos libres de ese pecado. Así, entonces, Dios destruyó el poder del pecado en nosotros. Antes de la venida de Cristo, sólo teníamos la ley. Dios nos dijo qué debíamos de hacer, pero nos encontrábamos incapaces de hacerlo. El pecado se valió de la ley para crear más desobediencia.

Ahora, con la venida de Cristo, el poder del pecado ha sido quebrado. Ese amo duro que nos tenía bajo su poder ha sido derrotado. Cristo entró en la prisión de nuestra humanidad para cortar los lazos que nos tenían aprisionados y llevarnos a la libertad. Eso significa, como dice el verso uno, que ya no estamos sentenciados a vivir bajo el poder del pecado. Cuando dice que ya no hay condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, no simplemente está hablando de la condenación a la muerte. Eso ya se había establecido.

Más bien, se nos está diciendo que ya no estamos bajo la sentencia de vivir en el pecado. Jesús nos ha librado de la cadena perpetua de violar las leyes de Dios, estar alejados de él, sentir la falta de esperanza y de paz, y desconocer la verdad. Ya no estamos condenados a vivir en pecado, en desobediencia, en perdición.

En otras palabras, Jesús no simplemente murió para comprarnos un boleto al cielo. El murió para librarnos de la presencia abrumadora del pecado en nuestras vidas presentes. El murió para que fuéramos librados para servir a Dios en santidad, en vez de vivir sin propósito.

Nuestra situación es como la de un grupo de rehenes, obligados a punta de pistola a seguir los deseos de nuestro secuestrador, el pecado. Cristo vino y se añadió al grupo de rehenes, para luego quitarle la pistola al secuestrador. Ya no estamos bajo la obligación de obedecerlo. Ya estamos libres para vivir en vez de morir. Ahora la decisión está en nosotros. Si seguimos secuestrados por el pecado, es sólo porque hemos preferido el pecado a la salvación. Si estamos lejos de Dios, no es por necesidad; es porque no hemos querido valernos del acercamiento que él nos ofrece.

Jesús ya derrotó el poder del pecado al vestirse de carne humana. Esta es la base para nuestra vida de santidad. Este es el fundamento para la construcción de una vida que lleva hacia Dios, en vez de ir a la condenación.

Sin embargo, no llegaremos a conocer las bendiciones que Dios tiene para nosotros si nos quedamos con solo la base,el fundamento. Existen dueños de terrenos que empiezan a construir antes de tener los fondos  necesarios para terminar la casa. Ponen el fundamento, la base y poco a poco levantan las paredes. El proceso puede durar años. Durante ese tiempo, es común permitir que alguna familia necesitada viva como guardianes en el terreno. En algunas ocasiones construyen sus chozas de esteras sobre el fundamento hecha para un edificio mucho más imponente.

Esa choza construida sobre un buen fundamento  es la imagen del creyente que tiene la salvación, pero no está viviendo la plenitud de lo que Cristo murió por traerle.

Cuando hablamos del Espíritu Santo, muchas veces sentimos que estamos entrando en aguas muy profundas. El Espíritu Santo es algo inexplicable para nosotros. Y así tiene que ser; él es Dios, y Dios es alguien que no podemos explicar. Jesús comparó la acción del Espíritu con el soplar del viento; sus efectos son palpables, pero su causa no.

No podemos explicar al Espíritu Santo, pero sí podemos considerar la manera en que él obra en nosotros. No sólo podemos hacerlo, sino que tenemos que entenderlo para que podamos experimentar la plenitud de su presencia.

En nuestra salvación, el Padre es el miembro de la Trinidad que planeó nuestra redención; el Hijo es el que la ganó; y el Espíritu Santo es el que la hace real en nuestras vidas. En otras palabras, el Espíritu Santo es la presencia de Dios en nuestras vidas para que podamos vivir todo lo que Dios quiere para nosotros.

En nuestro estado natural, tenemos cierta mentalidad. Esta mentalidad se describe en la primera parte del versículo 5. Tal mentalidad se enfoca en los deseos humanos. Considera la satisfacción de esos deseos como el fin de la existencia humana. Busca comer, beber, y divertirse. Esta mentalidad lleva directamente a la muerte.

La mentalidad que trae el Espíritu Santo, en cambio, se enfoca en las cosas de Dios. Se refleja en la oración modelo: Venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Esta mentalidad nos lleva a la vida. En otras palabras, nos conviene. El diablo quiere convencernos de que lo que nos conviene es tratar de satisfacer nuestros propios deseos. Jesús nos enseñó que la realidad es lo contrario: quien quiera salvar su vida, dice el Señor, la perderá.

Si nos dejamos llevar por la carne, somos enemigos de Dios. Esto nos dice el versículo7. Mientras tanto, la persona que se deja llevar por el Espíritu agrada a Dios, y vive en paz. La decisión ahora es nuestra. ¿Nos rendiremos al Espíritu, o seguiremos viviendo en la carne?

Si somos creyentes, el Espíritu mora en nosotros. No tenemos que esperar que él venga, o dudar de su presencia. Si de corazón hemos creído en Jesucristo, entonces en ese momento recibimos al Espíritu Santo. Pero nadie nos obliga a obedecerlo. El pecado nos obligaba; Dios sólo nos invita.

El nos invita a recibir su salvación, y nos invita a obedecer la voz de su Espíritu Santo. Ese Espíritu Santo nos trae vida. Nos dicen los versos 11 y 12 que el Espíritu Santo es el que da vida a nuestro espíritu, y también dará vida a nuestro cuerpo en el día de resurrección.

Lo que nosotros somos incapaces de hacer, transformar nuestro corazón y nuestra mente, el Espíritu Santo lo hace cuando nos rendimos a su poder y su presencia en nuestra vida.

El poder del Espíritu Santo es el único modo de experimentar la santidad. Déjame darte tres pasos para experimentar su poder en tu vida.

En primer lugar, arrepiéntete de todo pecado conocido. El Espíritu Santo no podrá obrar en tu vida si albergas desobediencia en tu corazón. El pecado que no confiesas es como un muro que detiene el fluir del poder de Dios en tu vida. Examínate para ver si tienes algún pecado sin confesar.

En segundo lugar, confía en la presencia del Espíritu en tu vida. Invítale a tomar control de ti. Cuando te despiertes, dile a Dios en oración que estás dispuesto a seguir la voz de su Espíritu en ese día.

En tercer lugar, pon atención a la voz del Espíritu. Cuando te preparas para oír su voz, él te hablará. Quizás te dará una sensación fuerte de que debes de hacer algo. Quizás oirás su voz en el consejo de un hermano. O quizás te abrirá los ojos a un pasaje bíblico que se dirige a tu situación. Si no esperas que él te hable, entonces cuando lo hace, es probable que no lo reconozcas. Pon atención a su voz.

Si eres creyente, el Espíritu Santo está en ti. El te da ese potencial que no tienes en tus propias fuerzas. Ahora a ti te toca dejar que su poder fluya en ti para la transformación. La presencia del Espíritu Santo en tu vida te puede traer esa transformación total que tú sólo jamás podrías alcanzar.

 

 

 

El Costo de Conformarse
Nosotros como seres humanos hallamos la seguridad en los números. Lo más fácil es
conformarse a lo que hacen los demás, dejándonos llevar por lo que ellos hacen. Parece que
tomamos siempre el consejo de los padres que están llevando por primera vez a sus niños a una
fiesta: Miren lo que hacen los demás, y sigan su ejemplo.
Un vendedor se dio cuenta de esto. Se fijó en que poca gente visitaba su negocio, entonces
compró algunos carros usados y los estacionó frente a la tienda. De repente creció la cantidad
de clientes que lo visitaba, porque veían los carros ahí estacionados y se imaginaban que había
mucha clientela - y que por eso tenía que ser un buen lugar.
Bueno, ese hombre fue astuto al aprovecharse de la tendencia humana de conformarse. Pero
esa tendencia puede ser destructiva. A veces se ha usado una cabra especialmente entrenada
en la matanza de las ovejas. A esta cabra se le entrena a subir la rampa al matadero, y las
ovejas confiadas la siguen. Al último momento la cabra se escapa a la izquierda, y todas las
ovejas siguen derecho a su destrucción. ¡Cuántos seres humanos no han seguido ese mismo
patrón!
Hoy leeremos la historia de un hombre que fue conformista - y veremos cuál fue el resultado de
su conformismo.
Lectura: Génesis 13:1-13
13:1 Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él
Lot.
13:2 Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro.
13:3 Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado
antes su tienda entre Bet-el y Hai,
13:4 al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová.
13:5 También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas.
13:6 Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y
no podían morar en un mismo lugar.
13:7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot;
y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra.
13:8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores
y los tuyos, porque somos hermanos.
13:9 ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano
izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda.
13:10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el
huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová
a Sodoma y a Gomorra.
13:11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se
apartaron el uno del otro.
13:12 Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la
llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma.
13:13 Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.
Después de los eventos que vimos la semana pasada, Abraham salió de Egipto y regresó hacia
la tierra prometida. Vemos que Abraham estaba consciente de su pacto con el Señor, pues en
el lugar donde acampó y había construido un altar, ahí otra vez Abraham invocó el nombre del
Señor - es decir, lo adoró, y reconoció su lealtad hacia él.
Pero con Abraham está su sobrino Lot. Entre Abraham y Lot empiezan a surgir problemas, a
raíz de la falta de agua y de pasto para el ganado de ambos. Es interesante notar que la Biblia
también nos dice que había cananeos y ferezeos en esas zonas, pero parece que ellos no
tuvieron problemas con Abraham y Lot. Tantas veces parece que uno tiene más problemas
con sus familiares que con la gente desconocida. Por lo menos, se necesita más esfuerzo para
llevarse bien con un pariente que con una persona de otra familia.
Y vemos que Abraham hace ese esfuerzo. Aunque Dios le había prometido toda la tierra de
Canaán, el se muestra dispuesto a compartirlo con Lot. Va hasta el extremo de permitir que Lot
escoja la parte que mejor le parece. Vemos una generosidad muy grande en Abraham.
En la respuesta de Lot vemos algo distinto. Su respuesta ilustra perfectamente la dinámica de la
conformidad.
I. La conformidad con el mundo empieza con la atracción de algo bueno
Vemos en los versículos 11 al 14 cuál fue la elección de Lot. El levantó la vista y vio la parte más
bonita, más regada, más atractiva, y escogió esa parte. Las ciudades que dominaban esa región,
según la evidencia arqueológica y el récord bíblico, eran muy ricas. Estaban situadas muy cerca
de una ruta principal del comercio, y estaban también localizadas en una zona bien regada.
Debemos de recordar que, aunque a Abraham se le había prometido la posesión de la tierra
prometida, esta posesión aún no era una realidad. De hecho, no lo sería hasta siglos más tarde.
Así que él y Lot vivían como forasteros en la tierra. Lot, entonces, eligió vivir a la orilla de una de
estas ciudades ricas.
Seguramente pensó que así la fortuna que él ya poseía se volvería aun más grande. Era una
región donde habría mucho pasto para su ganado, y sus rebaños podrían crecer; además de
esto, podría negociar con los mercaderes que transitaban por aquella zona, y así aumentar su
riqueza.
Pero hay un detalle más. El texto nos dice que los habitantes de Sodoma eran malvados y
cometían muy graves pecados contra el Señor.
Quizás Lot creía que podría separarse de estas cosas, viviendo a la orilla de la ciudad. Después
de todo, él no se había metido completamente en ella. Podría negociar con los habitantes de
Sodoma sin volverse como ellos, y así tener el mejor de ambos mundos. Podría seguir adorando
al Señor, seguir viviendo en sus caminos, y sólo asociar con los sodomitas lo suficiente como
para vivir de una manera mejor.
¿Cuántas veces no seguimos nosotros el ejemplo de Lot? Creemos que podemos vivir a la orilla
del mundo. Creemos que podemos seguir viviendo como miembros del pueblo de Dios, pero a la
vez disfrutar de algunas de las cosas mejores del mundo - sin meternos en lo más grave.
En las generaciones anteriores de creyentes evangélicos, y en algunas iglesias hasta el día
de hoy, había un legalismo muy extremo. Se enseñaba que los creyentes no podían escuchar
música que no fuera religiosa, no podían ir al cine, no podían ver televisión, y otras reglas.
Nosotros nos damos cuenta de que estas restricciones no son bíblicas. Hay cosas que la Biblia
nos manda directamente, y muchas otras que deja a nuestra consciencia. Pero quizás, habiendo
abandonado el legalismo, nosotros hemos ido al otro extremo. Ese extremo se llama libertinaje.
Habiendo dejado atrás el legalismo, nos mudamos a la orilla de Sodoma escuchando música que
no nos edifica, mirando programas de televisión que nos inculcan valores que no son bíblicos,
contando chistes que - si no son colorados - por lo menos están un poco rosados, y empujando
los límites de lo que le agrada a Dios.
Queremos ver qué tan cerca podemos llegar al borde del precipicio sin caernos. Ese, sin
embargo, es un proceder muy peligroso. Más bien, debemos de caminar a una distancia
prudente de ese límite.
Eso significa que habrá cosas que no hacemos, no porque son pecados, sino porque nos
alejan de la separación que Dios desea para su pueblo. Habrá programas que no veremos,
simplemente porque su contenido refleja actitudes que no son de Dios. Quizás dejaremos de
reunirnos con ciertas personas, porque su manera de hablar o de actuar nos aleja de la santidad.
En fin, la santidad, la separación del pueblo de Dios, tiene que ser radical. No podemos vivir,
como Lot, a la orilla de Sodoma, porque el fin será algo muy indeseado. Veamos lo que le
sucede a Lot.
Lectura: Génesis 19:1, 4-17, 23-26
19:1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la
puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo, ...
19:4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de
Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo.
19:5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche?
Sácalos, para que los conozcamos.
19:6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí,
19:7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.
19:8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced
de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que
vinieron a la sombra de mi tejado.
19:9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros,
¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al
varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta.
19:10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la
puerta.
19:11 Y a los hombrs que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor
hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.
19:12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y
todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar;
19:13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto
delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.
19:14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo:
Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus
yernos como que se burlaba.
19:15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus
dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.
19:16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las
manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron
fuera de la ciudad.
19:17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares
en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. ...
19:23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.
19:24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de
Jehová desde los cielos;
19:25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas
ciudades, y el fruto de la tierra.
19:26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
Lot pagó un precio muy alto por su selección de vivienda. Lo perdió todo, incluyendo a s esposa.
Lo que vemos es que, aunque empieza con la atracción de algo bueno,
II. La conformidad con el mundo acaba exigiendo un precio alto
Lot había llegado a ser parte del pueblo de Sodoma. El no se había metido en la maldad de
este pueblo; no participaba en sus prácticas inmorales. Pero al estar sentado a la entrada de la
ciudad, indicaba que él se había vuelto parte del sistema de la ciudad. Era en la entrada que se
hacían los negocios, era ahí donde estaban los ancianos de la ciudad, y por su presencia ahí
vemos que Lot había llegado a integrarse totalmente a la ciudad.
Nosotros podemos empezar viviendo a la orilla, pero tarde o temprano - como Lot - vamos a
adentrarnos más en la vida que nos llama la atención. El mundo nos atrae, y podemos pensar
que nos quedaremos a la orilla - pero siempre terminamos adentro.
El pecado y el mundo son como una planta que se llama la planta jarro. Esta planta es una de
las pocas plantas carnívoras. Tiene la forma de un jarro, con una pequeña plataforma donde
aterrizan los insectos en busca de néctar. Habiendo aterrizado ahí, sin embargo, se encuentran
en una superficie resbalosa, y se caen al fondo - donde son digeridos.
De igual manera, cuando pretendemos vivir a la orilla, pronto nos encontramos cayendo más y
más adentro, así como Lot se encontró más y más envuelto en la vida de Sodoma.
Llegó el día en que Dios decidió destruir la ciudad, por su gran maldad. Este evento, como todos
los eventos de juicio en la Biblia, es una anticipación del gran juicio que hará Dios al final de los
siglos. Podemos decir que es como un símbolo de ese evento.
Y vemos que Dios le ofreció a Lot una salida. El fue salvado de la destrucción. Pero ¿qué pasó?
El perdió todo lo que tenía. Tuvo que abandonar todos sus bienes en Sodoma y huir. Lo más
triste es que su esposa se había quedado enamorada de la vida en Sodoma, y miró atrás -
perdiendo así la vida.
El mensaje para nosotros es muy claro. Si nos envolvemos con las cosas del mundo, si nos
dejamos llevar por las actitudes de los que nos rodean, si empezamos a pensar como ellos,
entonces terminaremos perdiéndolo todo. Si gastamos nuestra vida en la acumulación de cosas,
si vivimos para nosotros mismos en vez de para otros, terminaremos con las manos vacías.
Pero lo más triste es que esas decisiones no sólo nos afectan a nosotros. También afectan a
quienes nos rodean. En este caso, la decisión de Lot de vivir en Sodoma, de conformarse, le
costó la vida a su esposa. De igual manera, si tú decides vivir a la orilla del mundo, es posible
que aun así seas salvo - pero ¿qué será de tu familia? ¿Qué será de tus hijos? ¿Se dejarán ellos
llevar por esas cosas? ¿Seguirán tu mal ejemplo?
La lección de la vida de Lot es que las cosas que el mundo nos ofrece, por más bonitas que
sean, nos dejarán en la bancarrota. Las fiestas, los entretenimientos que no son sanos, las
amistades que nos influyen para mal, inclusive esa música que nos gusta pero que no conviene
puede ser el comienzo de una gran caída.
¿Qué cosas tendrán que cambiar en tu vida para que dejes de vivir a la orilla de Sodoma, y
vivas más bien en la ciudad de Dios? ¿Qué programas tendrás que dejar de ver? ¿Qué música
dejarás de escuchar? ¿Qué amistades tendrás que dejar?
Quizás cuando conociste por primera vez a Cristo, dejaste todas esas cosas. Quizás te fuiste
lejos de Sodoma - pero ahora te has empezado a aproximar otra vez a sus bordes. Déjalo de
nuevo. Toma esa decisión difícil.
Conclusión
El apóstol Pablo nos insta a no conformarnos al mundo actual, sino más bien ser transformados
mediante la renovación de nuestra mente. Lot nos da un ejemplo muy fuerte de lo que sucede
cuando una persona que está dentro del pacto de Dios empieza a conformarse al mundo.
Hermano, si tú dejas que los susurros del mundo te atraigan, si crees que puedes vivir a la orilla,
te estás exponiendo a un grave peligro. Escoge más bien el camino al gozo eterno, un camino
donde no te arrepentirás de los pasos que has tomado. Es el camino de la sabiduría, un camino
que el mundo no entiende - pero que Jesús nos modeló con su vida. Síguelo.

 
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: