HERMENEUTICA

PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA

Artículo escrito por: Francisco Schmidt

ObreroFiel.com usa este artículo con permiso

Una vez un profesor de seminario daba una conferencia en una iglesia local sobre las reglas para la interpretación de la Biblia y se fijó que una mujer en la audiencia tenía lágrimas en las mejillas. Pensando que él la había ofendido, le preguntó por qué estaba llorando. “Estoy llorando por usted”, dijo, “porque tiene que seguir todas reglas para entender la Biblia. Yo sólo leo la Biblia y Dios me dice lo que significa.”

¿Será que entender la Biblia es fácil? ¿Será que al leerla, Dios dice a cada creyente qué significa, sin que el creyente tenga que indagar o esforzarse?

Por supuesto hay muchas partes de la Biblia que son fáciles de entender. Hasta un niño puede entender Juan 3:16, por ejemplo. Pero también hay que reconocer que en la Biblia hay ciertos textos no son muy difíciles de entender. Vamos a ver en un artículo futuro que el Espíritu Santo de veras nos ayuda entender las Escrituras; sin embargo, veremos que el Espíritu también espera que nos esforcemos y que usemos las herramientas que están a nuestro alcance, incluyendo el estudio de las reglas de interpretación.

En este artículo empezamos una serie de reflexiones sobre la hermenéutica, o el estudio de las reglas para interpretar correctamente la Biblia. En el resto de este artículo, veremos por qué es necesario estudiar estos principios de interpretación.

La palabra que mejor capta los retos que el creyente enfrenta cuando lee la Biblia y trata de entenderla es “distancia”. Aunque somos el mismo pueblo de Dios, adoramos al mismo Señor y tenemos la misma fe, en cierto sentido hay una distancia entre nosotros y los destinatarios originales de los libros de la Biblia.

Por ejemplo, hay una distancia de tiempo. Entre hoy y el tiempo en que los eventos descritos en la Biblia ocurrieron, hay una gran distancia de tiempo que abarca varios milenios y el mundo ha cambiado mucho en ese tiempo.

Por eso, en Oseas 10 el creyente promedio encuentra referencias a cosas que le resultan prácticamente incomprensibles: ¿a qué se refiere “las becerras de Bet-avén” en v.5? ¿Dónde estaban Bet-avén, Asiria y Efraín (v.6)? ¿Qué eran los lugares altos (v.8) y por qué eran pecaminosos? ¿Qué significa la referencia a Gabaa en v.9 o a la referencia a la destrucción de Bet-arbel por Salmán en v.14?

Los contemporáneos de Oseas entendían perfectamente lo que él significaba con estas referencias en su sermón. Pero a nosotros nos cuesta porque estamos separados de estos acontecimientos históricos y lugares por tantos miles de años.

También hay una distancia de cultura. Por eso, en algunas partes de la Biblia encontramos costumbres, creencias y prácticas que para nosotros hoy en día no tienen ningún sentido. ¿Por qué en Jueces 11 Jepté se sintió obligado a sacrificar a su única hija por un voto impulsivo que había hecho en un momento de crisis? ¿Por qué en el mundo antiguo ungían con aceite a los sacerdotes, a los reyes y a los enfermos? ¿Qué sentido tenía la costumbre de quitar el zapato y darle a otro para la transferencia de propiedades mencionada en Rut 4:6-8? Éxodo 36:26 dice, “No cocerás el cabrito en la leche de su madre.” ¿Por qué Dios mandó eso y qué aplicación tendría hoy?

Cuesta entender estas cosas porque reflejan ciertas creencias y costumbres que eran de la cultura de aquel entonces, cosas que ya no forman parte de nuestra cultura.

Además hay una distancia geográfica. A menos que uno haya visitado la Tierra Santa, no tenemos un banco visual de datos y por eso nos cuesta visualizar los lugares descritos en la Biblia. ¿Por qué, por ejemplo, la Biblia siempre dice que uno “sube” a Jerusalén y “baja” para llegar a Jericó?

Por supuesto, aun si fuéramos a visitar Israel, los lugares no han quedado con la misma apariencia que tenían en aquel entonces. Por ejemplo, 2º Samuel 18:8 describe el bosque de Efraín como tan denso que “fueron más los que destruyó el bosque aquel día, que los que destruyó la espada.” Hoy Israel no es boscoso sino árido. Jueces 14:5-6 describe un león que atacó a Sansón. Ya no hay leones en Palestina.

Finalmente, hay una distancia de idioma. La Biblia fue escrita en los idiomas comunes de su época: la mayor parte del Antiguo Testamento fue escrita en el hebreo (con unas partes en arameo), mientras el Nuevo Testamento fue escrito en el griego. Sin embargo, para el creyente moderno, hay una gran distancia lingüística con estos idiomas.

Se complica por el hecho de que hay ciertos matices de significado que son algo difíciles de traducir de un idioma al otro (por ejemplo, traducir un chiste cuyo remate depende de un juego de palabras).

Por un lado, disponemos de una abundancia de excelentes traducciones; por el otro, el trabajo de un traductor tiene cierto elemento de interpretación.

Por ejemplo: observe las traducciones siguientes de 1ª Corintios 7:1:

 La Reina Valera1960 dice, “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer”

 La Nueva Versión Internacional dice, “Paso ahora a los asuntos que me plantearon por escrito: «Es mejor no tener relaciones sexuales.»”

 La Versión Castellana dice, “Contesto ahora a lo que me preguntasteis por escrito: Si uno decide permanecer soltero, hace bien.”

La Reina Valera1960 es bastante literal al griego aunque nos deja con la inquietud, ¿qué significa eso de “no tocar mujer”? Pero la Nueva Versión Internacional y la Castellana ofrecen interpretaciones diferentes: la de tener relaciones sexuales en el caso de la Nueva Versión Internacional; y en el caso de la Versión Castellana, la de casarse.

El estudio de las reglas para la buena interpretación bíblica procura ayudarnos superar la distancia de tiempo, cultura, geografía e idioma. Por eso vale la pena estudiarlas.

Así que, conozcamos y usemos las buenas reglas de la interpretación bíblica.

En un artículo anterior sobre la interpretación bíblica, vimos por qué era importante estudiar reglas de buena interpretación de la Biblia. En este artículo, vamos a profundizarnos un poco en este tema con hablar de seis métodos incorrectos para interpretar la Biblia.

El primer método incorrecto es el MÉTODO LITERALISTA. Ahora, no se debe confundir “literalista” con “literal”, ya que “literal” es una descripción del significado más sencillo y más de acuerdo a lo que el autor hubiera tenido en mente. “Literalista” quiere decir una manera hiperliteral y letrista que ignora el uso normal de lenguaje, como el lenguaje figurado.

Un ejemplo sería interpretar Mateo 26:26c “…este es mi cuerpo” para significar que el pan tuvo que haberse convertido en forma milagrosa en el cuerpo literal de Cristo. Por supuesto, si tomamos en cuenta el uso de lenguaje figurado como metáforas, surge otro significado más natural: “…este representa mi cuerpo o es semejante a mi cuerpo”.

Otro ejemplo es la manera en que los rabinos en la antigüedad solían interpretar Proverbios 22:9, “El ojo misericordioso será bendito, porque dio de su pan al indigente.” Fijándose en el hecho de que “ojo” era singular y no plural, ellos concluyeron que el versículo enseñaba que los dos ojos de una persona podían ver simultáneamente en distintas direcciones, como los camaleones en el Discovery  Channel, pero si uno de los dos ojos de una persona era bueno, pues aquel ojo miraría únicamente en la dirección del bien.

Es mejor interpretar este proverbio tomando en cuenta que “ojo” en este proverbio es lenguaje figurado que significa a la persona y pone énfasis en su reacción a lo que observa.

Como se nota, la interpretación literal resulta en interpretaciones raras y absurdas.

El segundo método incorrecto es el MÉTODO ALEGÓRICO. Este método busca encontrar en el texto bíblico un sentido “más profundo” y oculto que va más allá del sentido obvio o literal del texto. Por eso, asigna a personajes, objetos, eventos y otros detalles un significado “espiritual” que no está relacionado con el significado literal del autor original.

Digamos que un predicador fuera a predicar un sermón sobre Nehemías 3:3, “Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos.” Digamos que la idea de su sermón fuera, “Hermanos, este texto quiere decir que ¡debemos pescar almas!” Tal interpretación sería buen ejemplo de alegoría, porque Nehemías se refería a una puerta literal que se llamaba “la puerta del Pescado” y al escribir v.3, seguramente estaba pensando en cómo esa familia edificaba el muro de Jerusalén a la altura de aquella puerta. A pesar de que ganar almas para el Señor es algo bueno, Nehemías no hablaba de eso en este versículo.

A veces en el afán de encontrar una aplicación en un texto, el lector cae en sacar interpretaciones alegóricas. El problema con el método alegórico es que impone las propias ideas del intérprete sobre el texto.

El tercer método incorrecto es el MÉTODO DOGMATICO. Según este método, la correcta interpretación es la que está de acuerdo con las doctrinas (o “dogmas”) de una determinada autoridad eclesiástica, y no tanto porque está basada en buenos principios de interpretación.

Un ejemplo es la manera en que la Iglesia Católica Romana históricamente ha dicho que sólo el magisterio de la iglesia puede interpretar la Biblia. Sin embargo, hay que recordar que también en muchas iglesias evangélicas los miembros creen una enseñanza bíblica porque así lo enseña el pastor, y no tanto porque han estudiado el texto y sacado conclusiones.

Realmente todos nos acercamos al texto con ciertos prejuicios y por no haber estudiado cada pasaje personalmente, casi todos nosotros hacemos esto en forma inconciente de vez en cuando. Debemos procurar liberarnos poco a poco de depender de la interpretación de otros.

En su forma más extrema, el método dogmático pone fuera de crítica cualquier doctrina falsa y por lo tanto se presta a abusos en la interpretación del texto bíblico. También niega la “perspicacia” de la Biblia así fomentando la pasividad y falta de lectura las Escrituras en vez de imitar el ejemplo de los de Berea (Hechos 17:11-12), y por lo mismo puede desestimular el estudio bíblico personal y crear una dependencia no sana en la autoridad eclesiástica que impide el crecimiento espiritual.

El cuarto método incorrecto es el MÉTODO RACIONALISTA que interpreta la Biblia a través del supuesto de que la única realidad que existe es la realidad natural y científica; por eso, que niega la intervención (o la existencia) de Dios y deja fuera toda posibilidad de milagros o de profecía predictiva. El estudiante de la Biblia a veces se topa con este método en algunos libros y comentarios escritos por autores de corte teológica liberal.

Por ejemplo, el método racionalista explicaría el milagro del Mar Rojo con decir que cruzaron en una parte donde el agua tenía poca profundidad, y por eso pudieron cruzar pero los carros de Faraón se quedaron y los israelitas se escaparon.

Otro ejemplo del método racionalista es un acercamiento a las profecías de Daniel que dice que fueron escritas en el 3º o 2º siglo antes de Cristo, porque describen en gran detalle el surgimiento de los grandes imperios gentiles de Babilonia, Persia, Grecia y Roma y hasta describen las campañas militares después de la muerte de Alejandro Magno. Por eso – dice el método racionalista – estos capítulos tuvieron que haber sido escritos después que sucedieron estos eventos.

El problema con este método es que impone una cosmovisión secular y racionalista a las Escrituras. Si Dios existe, no debe sorprendernos que haya milagros y profecía predictiva. Por supuesto que usamos la razón para entender el mensaje de la Biblia;

sin embargo, no debemos entronar la razón como un criterio para decidir qué partes del mensaje bíblico vamos a creer o no creer.

El quinto método incorrecto es el MÉTODO MÍSTICO, según el cual hay que interpretar la Biblia a través de un sentimiento, una experiencia o una supuesta comunicación personal de Dios al intérprete.

Por ejemplo, Éxodo 23:19 dice, “No guisarás el cabrito en la leche de su madre”. Un renombrado conferencista evangélico decía que este versículo quería decir que el creyente no debe comer carne y productos lácteos en la misma comida porque haría daño a su salud. Agregó, “Sé que esta es la correcta interpretación porque oré mucho y el Señor me confirmó esta interpretación”.

Otro ejemplo sería, “Me casé con una chica inconversa que después aceptó a Cristo; entonces, sé que está bien que los jóvenes cristianos se casen con personas no cristianas, porque es una manera de evangelizar.”

Todavía otro ejemplo sería, “Me voy a divorciar de mi esposa y casarme con Fulana porque tuve un sueño en que Dios me dijo que lo hiciera porque El quiere que yo esté feliz.”

El gran problema con este acercamiento a la Biblia es que es muy subjetivo. Interpreta la Biblia en base a las experiencias en vez de dejar que la Biblia interprete las experiencias. Aunque las emociones son una parte integral de los seres humanos, la maldad en nuestro corazón (Jeremías 17:9) puede llevarnos tomar decisiones equivocadas basadas en la emoción o puede llevarnos a interpretar equivocadamente nuestras experiencias. Además, no todas las experiencias de carácter místico vienen de Dios.

El sexto método incorrecto que voy a mencionar es el MÉTODO LIBERACIONISTA que interpreta toda la Biblia a la luz del compromiso con la lucha para la justicia social.

Por ejemplo, los proponentes de este método toman el éxodo como paradigma para las luchas armadas de liberación. También dicen que se debe descartar los proverbios que critican a los pobres, porque son escritos desde la perspectiva de los ricos.

Las debilidades de este método son que juzga la Biblia a la luz de la lucha por la justicia, en vez de vise-versa; también, pasa por alto las implicaciones no políticas de la Biblia; y finalmente, tiende a casar una interpretación bíblica con una ideología particular.

Hermanos, en nuestra predicación y estudio bíblico, evitemos los métodos incorrectos para interpretar la Biblia.

Dios se revela a sí mismo a la humanidad para que los seres humanos podamos tener una relación con El. Esta comunicación incluye detalles como: quién es Dios, cómo es, qué es el ser humano, de dónde vino la humanidad y para qué está en la tierra. Además esta revelación elucida la gran brecha que hay entre nuestro Dios santo y la humanidad pecaminosa, y qué hizo Dios en Cristo para arreglar ese problema y hacer posible una relación con El.

Un aspecto de la revelación que Dios ha dado a la humanidad es lo que El inspiró a autores humanos a poner en forma escrita en la Biblia.

La Biblia es un libro divino; por lo tanto, lo que la Biblia afirma, Dios afirma.

La Biblia también es un libro humano. Fue escrito en lenguaje humano, usando la gramática y las técnicas literarias de su época y cultura, y refleja las personalidades de los autores y las situaciones históricas en que vivían ellos y sus destinatarios. Por eso, debemos interpretarla según las leyes de la hermenéutica que se aplican a otras obras de literatura.

Los libros de la Biblia fueron escritos para contextos particulares. Por lo tanto, nos incumbe averiguar su sentido original, especialmente antes de sacar aplicaciones. Este sentido original es el mensaje que el autor comunicaba a los destinatarios o su audiencia original. No queremos sacar una interpretación (o aplicación) en que el autor diría, “¡Ay, no! ¡No dije eso!”

Por eso, sería una equivocación dar un mensaje a un grupo de jóvenes sobre “Por qué las chicas y los muchachos no pueden andar tomados de la mano,” basándome en 1ª Corintios 7:1 el cual dice, “bueno le sería al hombre no tocar mujer.” Según tal predicador, Pablo decía que los muchachos y chicas literalmente no deberían tocarse.

Sin embargo, un estudio del contexto en capítulo 7 indica que Pablo contestaba ciertas preguntas que tenían que ver con el matrimonio y el estado de ser soltero o soltera. Resulta que “no tocar mujer” es una figura (un eufemismo) que significa el matrimonio con la relación sexual que eso conlleva. En efecto, Pablo significaba, “Está bien que un hombre se quede soltero”. Por eso, antes de hacer aplicaciones del texto, es importante primero entender qué era lo que el autor significaba a su audiencia original. Si alguien quiere hablar con jóvenes sobre la cuestión de muestras públicas de atracción mutua, mejor buscar otro texto.

La Biblia tiene un mensaje relevante para todos los tiempos y para todas las personas. Por lo tanto, nos incumbe hacer caso al mensaje original y aplicarlo a nuestro contexto.

Entonces, con estos supuestos ya en la mesa, podemos decir que el método correcto para interpretar la Biblia es el método “histórico-gramático”.

Se describe como “histórico” porque procura interpretar un pasaje bíblico de acuerdo al trasfondo histórico del pasaje, incluyendo las circunstancias del autor y los destinatarios, el contexto político, religioso, social y cultural. Incluye también el problema o la situación que motivó al autor escribir ese mensaje a aquella audiencia.

Este método se describe como “gramático” porque procura interpretar un pasaje bíblico de acuerdo a las normas para el uso del lenguaje; por ejemplo, según el significado de las palabras, el contexto, su relación con otras palabras y su composición gramatical.

A veces sucede que un nombre o una definición se van refinando a través del tiempo. El nombre de este método de interpretación no es una excepción.

Por ejemplo, algunos han agregado “literal” a la definición. Cuando se habla de una interpretación “literal”, quiere decir que el mejor significado por lo general es el más normal, no un significado esotérico.

Descubrimientos arqueológicos en décadas más recientes han derramado más luz sobre los géneros literarios de los tiempos bíblicos. Por ejemplo, parece que partes de la Ley de Moisés siguen el formato de los tratados entre un rey fuerte y unos vasallos aliados al rey. También, dentro del género de epístolas, parece que Filipenses se encaja en el sub-genero de “cartas de amistad”.

Esto, más el hecho de que la Biblia está repleta de lenguaje figurado, les influyó a algunos a agregar “literario” a la definición. Cuando hablamos de “literario”, quiere decir que debemos interpretar un pasaje bíblico de acuerdo a su género literario, e interpretando correctamente cualquier lenguaje figurado, modismo y figura extendida (como tipo, símbolo, alegoría o parábola).

Finalmente, algunos agregan “teológico” a la definición. El aspecto “teológico” trata de tomar en cuenta varios factores: primero, la progresión en que Dios dio Su revelación en las Escrituras. Por ejemplo, cuando David dice en el Salmo 51:11 “no quites de mi tu santo Espíritu” hay que tomar en cuenta que en el AT Su ministerio era limitado a líderes claves y al perder el Espíritu lo que perdían era su liderazgo (1º Samuel 16:14), Sin embargo, en el NT hubo cambios en que el Espíritu ministraba en todos los creyentes y en forma más permanente (Juan 14:16-17). O sea, desde los días de David hasta la época de la iglesia en que estamos, sucedió una progresión de revelación sobre el ministerio del Espíritu Santo.

Un segundo factor teológico es si hay continuidad o discontinuidad entre el texto y el pueblo de Dios hoy. Por ejemplo, al leer Deuteronomio 20:16-18 donde Dios manda a Israel a exterminar totalmente los pueblos en la tierra prometida, sabemos instintivamente que hoy no aplicamos en forma directa este mandamiento que era dirigido a un grupo específico y sólo por un tiempo definido. La matanza es un factor de discontinuidad. Por el otro lado, la razón dada en v.18, la de no aprender los pecados

de ellos, es un factor de continuidad, porque todavía debemos tomar pasos para no dejarnos influir por el pecado.

Un final factor teológico es la enseñanza general de la Biblia sobre las doctrinas o temas que están en el texto. Por ejemplo, digamos que alguien enseñara sobre “La oración no contestada”, basándose en Marcos 11:24, “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” Si nos basamos únicamente en este versículo para sacar conclusiones sobre la oración no contestada, puede ser que concluyamos que cualquier cosa que pidamos – las riquezas, la sanidad, la venganza, el éxito de un negocio ilícito, el amor de una persona del sexo opuesto – si sólo podemos creer lo suficiente que vamos a recibir la respuesta que anhelamos, a la fuerza Dios tiene que darnos esa cosa.

Es cierto que la falta de fe es un factor que puede hacer que Dios diga “no” a nuestra petición (Santiago 1:5-6). Pero hay otros factores, también: si estamos permaneciendo en Cristo y dejando que su Palabra permanezca en nosotros (Juan 15:7), si estamos viviendo en una manera que agrada a Dios (1 Juan 3:22; Santiago 5:16), y si la petición misma está de acuerdo a la voluntad de Dios (1 Juan 5:14-15).

El punto es que, si no tomamos en cuenta lo que la Biblia enseña en otros pasajes sobre la oración no contestada, corremos el riesgo de sacar una enseñanza equivocada o por lo menos no equilibrada.

Lo que describí son los conceptos que el método correcto trata de tomar en cuenta en el momento de interpretar las Escrituras. Como sería muy largo hablar del método “literal-histórico-gramático-literario-teológico”, de aquí en adelante voy a referirme al método histórico-gramático.

¡Seamos buenos intérpretes de la Palabra!

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